El tiempo libre y la recreación representan en sí mismos valores que han sido construidos socialmente. Lo que vale la pena preguntarse es cómo, para qué y desde qué postura ideológica se procura tal construcción. Probablemente descubramos que el placer obtenido o deseado no constituye otra cosa que la ratificación de una concepción hegemónica donde el sujeto es objetivado perdiendo sus características eminentemente humanas; la práctica de la libertad en el tiempo aparece como una mercancía que se vende al mejor postor y el placer sobreviene en una dádiva compensatoria al esfuerzo y al aburrimiento cotidiano.
por lo que es importante plantear las diferencias entre esta obtención de placer compensatorio de la vida cotidiana y la verdadera libertad de los individuos en el tiempo libre.
El ocio
El autor plantea que la categoría ocio si bien es la más trabajada no es la más adecuada para este análisis por varios motivos:
1- Su carácter histórico: ya que este termino proviene de del latín “otium”, las tareas propias de los esclavos e indígenas para los hombres libres. También proviene del termino skholé que era la acción propia de los hombres libres que dedicaban su tiempo a la conversación como modo de aproximación a la verdad y la belleza. La “askholé- no era otra cosa que el trabajo esclavo destinado a subvenir las necesidades de la sociedad que los tenía prisioneros. Finalmente, y también proveniente del latín, cierta sinonimia con otium la tenía el término “licere”, indicando aquello que está permitido, lo que su puede realizar, lo no prohibido. Ya a partir de este análisis aparece la contradicción entre ocio y no ocio, entre lo permitido y lo obligatorio, entre lo digno y lo indigno, entre la libertad y la esclavitud. Por lo que el término ocio nos remite a aquello que nos dejan y, por ende, supone un permisionario que otorga los permisos; a aquello que queda disponible más que a lo importante y necesario.
2- Argumento sociológicos: para el cual lo fundamenta con una autora francesa Lanfant, Marie Francoise (1972) “(…)el ocio es un conjunto indeterminado de bienes, propuesto a unos individuos liberados de las obligaciones sociales y capaces de ejercer elecciones discrecionales fuera de los lugares de trabajo. Analicemos, dentro de esta perspectiva, las definiciones del tiempo libre y del ocio tal como resultan de los procedimientos empíricos del presupuesto-tiempo.
Por lo que a través de una investigación deduce que la definición exacta del tiempo libre es ésta: “Las veinticuatro horas del presupuesto tiempo menos el tiempo dedicado al trabajo, el dedicado a las obligaciones del hogar y el dedicado a las necesidades fisiológicas”.
Entonces el tiempo denominado “libre” no parece constituir otra cosa que un residuo cuantitativo y temporal compuesto por el resto no importante de aquello que la sociedad entiende como prioritario; sobre esa temporalidad residual se construiría el ocio.
3- El actual significado del ocio en nuestra sociedad occidental: y particularmente en Latinoamérica por su esencial historia de dependencia y dominación. Suele suponer un conjunto de actividades mayoritariamente manipuladas por los medios multinacionales de entretenimiento mediático. El ocio parece significar solamente un espacio para el disfrute de la vida que ha sido negado en otros espacios de actividad. Sobre estos últimos comentarios hay suficiente material escrito como evidencia cotidiana que no es necesario seguir abundando.
4- El carácter epistemológico: el cual proviene del análisis sociológico de Joffré Dumazedier y su escuela. Que logran impresionantes cambios en la concepción y la practica que impulsara la idea de la educación permanente y las técnicas y metodologías de la animación sociocultural. Se plantea que sus categorías (trabajo, semiocio, ocio) pueden ser analizadas desde otra óptica, que amplíe la mirada a la subjetividad, para poder explicar las conductas grupales y aún individuales de los sujetos en situación de disponibilidad temporal objetiva. Por lo que el autor agrega como categoría la libertad como característica expresiva de la subjetividad humana.
La libertad
El autor asi mismo platea el concepto de “tiempo libre” y -en su particular vision del mismo- una ampliación de la posición de dumazereriana para explicarlo desde otra lectura e intervenir en procesos educativos en enormes grupos humanos.
La situación actual y real de cada uno de los sujetos proponen, por el proceso de socialización, la participación laboral y los modelos educativos formales, a sobrellevar una concepción que podría calificarse de esquizofrénica del ser. Un ser donde la unicidad es doble: determinadas características de la personalidad aparecen, se destacan y son esperables en el ámbito de los compromisos laborales y sociales; pero otras formas de ser deben resaltarse cuando desaparecen esas obligaciones externas de “parecer” y la autenticidad emerge en la práctica. Se diferencian los lenguajes, los vínculos, los modos de vestirse, las facciones, la alimentación, aquello que produce placer, etc.
Otra dimension que es agregada por el autor es la “libertad humana” pero como eje de la existencia y no como un saldo cuantitativo.
En el siglo XIX, la libertad hacia referencia a la autodeterminación y la expulsión de los invasores externos. Por el contrario hoy, en cambio, la libertad suele asimilarse a la posibilidad de consumir o de elegir entre distintos objetos similares en vez de estar obligados a llevar un único modelo existente.
La categoría libertad es demasiado esencial en nuestras cotidianidades como para dejarla librada a la imaginación personal o a los mensajes de la sociedad de consumo. Hace a nuestro ser como personas participantes de una sociedad, al menos, injusta. No parece pasar por la marca de dentífrico utilizado, el desodorante que más llama la atención al sexo opuesto, o las bacterias que mejor ayudan a nuestro intestino.
Entenderemos la libertad como el proceso de autogestión de cada persona más que como la obediencia a estímulos subliminales tendientes al consumo irracional. Como el ejercicio fáctico de nuestras decisiones más que el permiso otorgado por los políticos de turno, los mitos religiosos o los mandatos sociales.
Entonces tiempo libre entendido no como “residuo temporal”, sino como la característica exclusiva de los hombres dominando la naturaleza y construyendo una realidad de participación protagónica y colectiva con los otros y no contra los otros. No simplemente de un tiempo de libre disponibilidad luego de haber culminado lo necesario para la reproducción material de la sociedad, sino de un tiempo donde priman las necesidades y condiciones internas.
Todo sujeto, por el mero hecho de nacer, inmediatamente comienza a recibir estímulos que caracterizan a la sociedad y tiempo en que ha acaecido su natalidad: el sujeto humano nace en un medio histórico, social, económico y cultural y dentro de un marco político que lo condiciona y define previamente a sus propias decisiones quién es y, hasta, propone quién va a ser: para eso se inventan los sistemas educativos formales. Más aún, que esas supuestas decisiones autónomas que se toman posteriormente a la etapa de crianza –la adhesión a un equipo de fútbol, a una religión, a un partido político, etc.- poco tienen de tal autonomía.
Estas condiciones preexistentes pueden ser denominadas –a efectos didácticos- como “obligaciones externas”, aquello que es esperable que el sujeto haga, diga, piense o sienta. Pues entonces, y contrariamente, la libertad no consistirá en otra cosa que en las “obligaciones internas”: aquellas que implicarán la negación de las anteriores y dialécticamente, se expresarán en la síntesis como conductas libres, autodeterminadas, autogestionadas, autónomas.
La aprehensión, la incorporación, la apropiación y la toma de posición frente a la realidad. Esto es, la libertad es un aprendizaje que debe partir siempre de la negación. Las obligaciones internas se aprenden. Y tal aprendizaje puede tener lugar en todos y cada uno de los ámbitos donde la vida de las personas transcurra. Uno de los ámbitos privilegiados es el tiempo disponible. Por lo que la libertad no es un estado sino un proceso permanente y dialéctico entre el sujeto y lo que él no es. La libertad no es un valor o bien entregado por algo o alguien, sino una conquista cotidiana y permanente en el vínculo entre la conciencia del sujeto y las condiciones de la realidad externa. Esta no consiste en la apropiación sino en la posibilidad –aunque no necesariamente su ejercicio- de la opción. Esto significa: decidir o no hacerlo; elegir o no elegir; pero no habla del por qué, del sentido humano ético y político de tal elección. No se es plenamente libre cuando se elige un juego –condición necesaria pero no suficiente- sino cuando se fundamenta el por qué no jugaría a otro juego en esa circunstancia particular (el tiempo, los materiales, el lugar, los compañeros, etc.).
El tiempo libre
Denominando a las obligaciones externas, “heterocondicionamiento” y a su opuesto, “autocondicionamiento”. La practica la práctica de la libertad es la práctica de la mayor cantidad y calidad de autocondicionamientos, de condiciones colocadas en acto por las personas, los grupos, los colectivos, las sociedades. Deberá recordarse que todos los autocondicionamientos surgen de heterocondicionamientos previos. Toda libertad surge de su opuesto.
La concepción burguesa de la libertad. A esa zona donde las exigencias exteriores no alcanzan la llamaremos “libre de” algo; queremos significar, justamente, que la conducta de las personas en esa condición está libre de las obligaciones sociales, culturales, económicas, políticas, etc. Pero ello no supone la aparición de los autocondicionamientos: sólo han desaparecido temporalmente los heterocondicionamientos.
Por lo que el terreno del ocio es: el permiso, la disponibilidad, el tiempo sobrante. Volviendo a Dumazedier: establecía que su teoría del ocio era funcional en tanto cumplía tres
“funciones”: el descanso, la diversión y el desarrollo de la personalidad. Entonces, el ocio como conjunto de actividades que tienen lugar en el tiempo disponible aparecía como la alternativa al trabajo necesario para la reproducción material de la sociedad. Pero estas funciones tienen la características de ser libertadoras, personales, hedonisticas y desinteresadas que no resuelven sino las consecuencias que han generado su existencia. Entonces el ocio, parece constituirse en el elemento reparador de las consecuencias indeseables del trabajo.
Munné entiende que la postura dumazederiana no es “funcional” sino, justamente, “contrafuncional”. Pretende indicar que las verdaderas funciones sociales son el cansancio, el aburrimiento y la automatización de las conductas; el ocio aparecería eliminando las consecuencias de tales funciones más que constituyéndose en un aspecto autónomo y superador de las obligaciones exteriores. Estas contrafunciones adquieren sentido y existencia sólo por la función a la que se oponen. Así se entiende el ocio burgués: en cada día se le debe otorgar al trabajador un lapso –mayor o menor- para recuperarse y negar las funciones, mas no por ello, entender que el sujeto pueda crecer y desarrollarse en ese tiempo; para dificultar tal posibilidad se han desarrollado, entre otras formas de dominación. Y esas propuestas contrafuncionales no constituyen la libertad sino sólo la posibilidad de su inicio: es el “tiempo libre de” algo.
Se compensa el cansancio, el aburrimiento y las conductas reiterativas pero no se suelen proponer nuevas líneas de acción que procuren la aparición de conductas autocondicionadas, plenamente libres.
La liberación que produce la compensación contiene en sí la posibilidad de convertirse en un acceso a la libertad plena: estando libre “de algo de la realidad” estoy en condiciones de acceder a “ser libre para algo” de la realidad. En esta segunda posición el que es libre es el hombre y no el tiempo. “tiempo libre para”.
Por el contrario para el autor el ocio burgues es una practica del tiempo libre que se caracteriza por un descanso exigido, una recreación impuesta y establecida.
Establese tres caracteristicas del ocio burgues:
1- La psicologización del ocio: la manifestación psicológica de la libertad parece ser suficiente para considerar libre el tiempo de ocio.
2- La estandarización del ocio: El sistema de organización, producción y consumo del capitalismo genera condiciones para masificar la realidad posibilitando así su manipulación. “En tal contexto, las actividades emprendidas durante el tiempo de ocio, aunque están personalmente autocondicionadas, socialmente se hallan sometidas a una estandarización que supone un indirecto y, por ello, muy eficaz heterocondicionamiento”.
3- La sobrecompensación: La necesidad de contrafuncionar exige a determinados sectores sociales a los que no les alcanza la compensación establecida, una dosis mayor de excitación en sus prácticas, particularmente exigidas, violentas, con enorme descarga de adrenalina.
Plantear la categoría “tiempo libre” en reemplazo de la de ocio permite aprehender con mayor profundidad los niveles de subjetividad propios de la conducta humana así como comprender los procesos de control social implícitos en los mecanismos contrafuncionales.
En este contexto la recreación será considerado como contrafuncional (tesis) de la contrafunción (antítesis) por lo que será funcional (síntesis) a una concepción del hombre donde el “tiempo libre sea un tiempo de libertad para la libertad”.
fuente: XIII congreso internacional recreación y tiempo libre: posturas y tendencias mundiales.
Del tiempo disponible al tiempo libre: el papel de la recreación educativa
Waichman, Pablo Alberto
Instituto Superior de Tiempo Libre y Recreación de la Dirección General de Educación Superior del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina.