martes, 23 de octubre de 2012

Aportes fundamentales de la narrativa en la enseñanza según Jackson


“El hombre es siempre narrador de historias; vive rodeado de sus historias y de las ajenas, ve a través de ellas todo lo que sucede y trata de vivir su vida como si lo contara (Sartre, 1965: 63)”.
Sartre plantea la importancia de la narrativa en la vida del individuo. Así como también Bruner cuando asevera que: “Somos fabricantes de historias. Narramos para darle sentido a nuestras vidas, para comprender lo extraño de nuestra condición humana” (Bruner, 2003: contratapa).
Ahora bien, debido a esta importancia, para pensar en la narrativa en la enseñanza no solo se debe pensar en las materias del currículo escolar en las que esencialmente tienen una estructura narrativa, como lo son la literatura e historia. Jackson[1] sostiene que es posible que no haya una sola materia en la que la narrativa o relato no tenga un rol importante. Por lo que se entiende que aunque el contenido a enseñar no sea un relato, en el proceso de enseñanza se incorpora la narrativa. Recuerdos, testimonios, anécdotas, ejemplos, biografías, etc.
Entonces: ¿cómo educan los relatos y que beneficios duraderos aportarían? Para esto el autor acude a respuestas que históricamente han cado los educadores. Plantea que existen dos funciones educativas de los relatos: una es la de equipar a los estudiantes con contenidos que les será útiles, y la otra es la utilización de los relatos para lograr objetivos educativos más profundos. Estos tienen que ver con lo que se espera que sea el estudiante sean como seres humanos y no con los conocimientos específicos que se les pueda otorgar.
En definitiva, para el autor, la narrativa en la educación tendría dos funciones básicas: la primera, una función epistemológica y; la segunda una función transformadora.

Función epistemológica
Se puede decir que es la función central por la que se debe incluir la narrativa en la educación. Considerar que los relatos contiene un saber existente del mundo exterior. Incluso se puede decir que no solo contienen un saber sino más bien que son el saber que se quiere tengan los estudiantes. Para explicar esta función Jackson cita a Richard Kuhns quien sostiene que: “participar de una cultura es, por definición, tener experiencia de la comunidad establecida por medio de las formulaciones literarias de esa cultura” (Kuhns, 1974, pág. 5). Así, parecería que el saber compartido de una serie de historias consabidas sería el que funda, al menos bajo un aspecto, el sentimiento de formar parte de una comunidad. Por lo que el ser humando sería incapaz de participar de forma plena en una comunidad si carecería de este saber.
Para dar cuenta de esto enumera tres historias que son imprescindibles tener en cuenta por la cultura occidental: Adán y Eva; Segunda Guerra Mundial y asesinato de Lincoln. Por lo que sostiene que si un hombre norteamericano que no tenga idea de estas historias podría sufrir algunos inconvenientes en el momento de desenvolverse en un grupo. Como por ejemplo: si un hombre no tiene ni idea de lo que ocurrió en la segunda guerra mundial, seguro no puede entender el mundo actual. Esto puede ser tomado en cuenta tanto en historias verdaderas como de ficción. También puede darse esta situación por el desconocimiento o la mala interpretación de algunos términos muy usados en ciertos ámbitos, siendo dificultosa la participación en la conversación.
Estas carencias el autor las denomina “grave desajuste social”. Por lo que plantea que para no caer en esto se debe conocer al menos cientos de estas historias canónicas (reales o ficticias), y es en la escuela donde se conoce por primera vez la mayoría de estas.
Lo cual se presenta como un gran conflicto a la hora de acordar cuales de las historias deben ser enseñadas, lo que ha contribuido bastante a la desvalorización de la función epistemológica de los relatos. Lo que provoca incertidumbre y genera que hasta los relatos que han tejido nuestra cultura occidental sean cuestionados.
Otra de las cuestiones que obstaculiza la revalorización del valor epistemológico de la narrativa es el status que se lo otorga a los logros laborales por sobre lo que muchos dicen los “lujos imprescindibles” (la narrativa). Para el autor existe una fuerte tendencia a que los estudios humanísticos, con fuerte base en la narrativa, son conscientemente postergados, cuando no descuidados por completo. Asi se demuestra en un informe de la Comisión sobre Humanidades, EEUU: “…dondequiera que la educación básica se concentra exclusivamente en las tres destrezas fundamentales (lectura, escritura y cálculo) y dondequiera que los logros académicos se limitan a lo que puede ser medido por tests estandarizados, las humanidades son consideradas lujos prescindibles”.[2] Por lo que se evidencia que en la educación existen otras prioridades.

La función transformadora
La narrativa puede tener efectos importantes en los seres humanos. Pero para Jackson son pocos los relatos que pueden causar estos efectos en cada uno o en una sociedad. En este punto se plantea hasta donde es razonable esperar que personas tengan cambios luego de someterse a un relato. Para algunas un solo relato no sería suficiente para que se produzca un cambio, sin embargo para otras, sí.
Jackson expone un ejemplo que es un dialogo de Platón: El Gorgias[3], en el cual parecería que cuando Platón acude a la fábula para sostener su argumentación con el fin de sostener a uno de sus amigos, Calicles, tal vez lo haga para los otros tres que los están escuchando y parecen tener una actitud diferente (incluso a nosotros, los posibles lectores del dialogo).
Pero para esto se platea que deberíamos tener un enfoque diferente de lo que es actualmente la enseñanza. “Deberíamos pensar en los maestros no simplemente como individuos que actúan deliberadamente –es decir, como personas encargadas de ayudar a los estudiantes a alcanzar determinado conjunto de objetivos educacionales- sino como individuos comprometidos en lo que el filósofo Justus Buchler llamó una suerte de „metódica búsqueda a ciegas (…) una especie de camaradería con el azar. Buchler seguía calificando esta relación como “una alianza” condicional (Buchler, 1961, pág. 84)”.
Pero para Jackson esto implica que en este proceso se debería hacer lo que se cree que es correcto aunque no se puede explicar el porqué. Dejándolo a la intuición.  Esto que plantea Jackson es interesante porque es una cuestión que se cuestiona en la educación: esta cuestión de la presencia de la intuición en la enseñanza. Esto resulta impensable para aquellos que piensan en que la educación sea una ciencia. Pero como plantea P. Woods (1998) el cual sostiene que la enseñanza tiene de ciencia como de arte. El arte aquí estaría en la forma de entrelazar, el docente, los conceptos teóricos con los que cuenta y los prácticos que cree convenientes para su enseñanza (al igual que Sócrates lo hizo con Calicles). Esto provoca que cada clase sea única e irrepetible, incluso con el mismo docente.



[1] JACKSON, Ph. (1998) „El lugar de la narrativa en la enseñanza‟ en McEWAN, H. y EGAN, K. (1998) „La narrativa en la enseñanza., el aprendizaje y la investigación‟. Buenos Aires: Amorrortu.
[2] Report, 1980: 28, Informe de la Comisión sobre Humanidades, citado por Jackson, 1998, p.30.
[3] Sócrates discute con cuatro de sus amigos. El tópico de discusión se centra en la cuestión de si es mejor sufrir el mal o hacerlo. Sócrates sostiene que el hombre que hace el mal está en peor situación que el que lo sufre. A través de sus argumentaciones parece convencer a todos menos a Calicles. Ante esto, le propone escuchar un relato que tiene que ver con el juzgamiento de los hombres. En el mismo se explica que, antiguamente, se juzgaba a los hombres en vida, vestidos y en presencia (con el apoyo de sus seguidores, parientes, amigos, y demás). Ante este hecho, los jueces, influenciados por los testimonios brindados los declaraban virtuosos cuando no lo eran, etc. Esto provocaba una enormidad de injusticias por eso se acude a Zeus quien desde ese momento resuelve que los hombres serán juzgados después de muertos, desnudos. Lo harán otros muertos también desnudos. 

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